miércoles, 10 de noviembre de 2010

La GUERRA de la DOBLE MUERTE por Alejandro Castroguer (Ed. Almuzara)


¿Cuánto tiempo llevo en este área de aislamiento? ¿Qué futuro me espera? ¿Qué pasa ahí afuera?

Entra mucha gente y apenas abandona este triste recinto ninguna de ellas. Yo estoy perdiendo el juicio y solamente espero no olvidar lo que fui y ni esos recuerdos que me permiten ser todavía lo que soy. Estoy infectada. Yo creía que no, pero las pruebas así lo confirman. Los de "las batas blancas" nunca se equivocan.
La guerra de la doble muerte. Morirás una vez y morirás otra. Vivirás una vez y padecerás el dolor y la agonía de otra. La doble muerte...
Durante el insípido y frío almuerzo en el comedor de paredes grises metalizadas que reflejan nuestros rostros, he sentido miedo. Hoy se ha sentado Alejandro a mi lado. Apenas hablamos unos con otros cuando estamos tragando no por hambre, sino por necesidad de que la química necesaria llegue a nuestro cerebro. Pero por una vez se me apeteció conversar.
Alejandro me preguntó si había leído La guerra de la doble muerte. Pues claro que lo leí, le respondí. ¿Por qué si no estaría hoy planteándome tantas cosas?
Le hablé de lo que sentí leyéndolo.
La crudeza, la realidad y el desgarro de cada escena, es algo que se ve muy escasamente en una buena obra. En la GDM se contempla con maestría.
En este libro nosotros estaremos departe de los zombis o los "hambrientos". Ellos mueren y despiertan agonizando; con todos sus sentidos pero sin muchos recuerdos que se agolpan como cuando le das con el taco a una bola en la mesa de billar: se producen choques y no sabes a donde va a parar cada una; igual entra por el orificio alguna.
Esos hambrientos tienen necesidades como cualquier persona. El único mal es que el hambre es el mayor de sus problemas.
Imaginaros en la situación actual en la que vivimos: la crisis es grave, nos tenemos que apretar el cinturón, guardamos la comida que sobra de un almuerzo aunque sólo sea un plato, pedimos a veces dinero para hacer la compra para llegar a final de mes, deseamos tener un golpe de suerte que nos saque de la mierda y cumplir nuestros sueños o simplemente vivir tranquilos. Si a nuestro vecino le va mal, que se joda, yo a lo mío.


En la historia de este libro, los hambrientos actúan exactamente igual. Necesitan comer porque "la maldita rata negra que llevan en el estómago no duerme". Les recuerda constantemente lo que son y la situación en la que se encuentran. Todo lo que tenga vida es su supervivencia. Y más de una vez, alguno de ellos se ve a sí mismo royendo un hueso de alguien que ha muerto y que ya ha sido devorado por otros y al que sólo le quedan unas hebras de músculo pegados al tejido óseo. Aprovechan todo lo que les permita seguir adelante. Comen de todo como cualquiera de nosotros, pero si les pones un buen "filete", optarán por este último al que no pueden reprimirse.
La gula es el peor pecado capital en La guerra de la doble muerte. Nadie se fía de nadie porque ni siquiera ellos mismos saben quien son realmente. Tienen algunos recuerdos a modo de flashes que intentan encajar para reconocerse porque delante del espejo lo que ven, no es su reflejo. Lo que sí recuerdan, es lo que hacían, cantaban o hablaban antes de su primera muerte.
-Salvador, con su casaca militar de User Ne y un machete al que se aferra. Con su cantinela en la cabeza de la película Lawrence de Arabia: "si eres tan titán, titán, titán".
-Jonás, un joven de 17 años que no tiene piernas y va en silla de ruedas. Lleva siempre su sudadera. Cuando le preguntan de dónde viene contesta que de un sitio llamado Silent Hill. "No conozco ese sitio" le responde alguien que está tan hambriento como él.
-Judith, que ni siquiera ese es su nombre. Pero hablaba mucho de ese nombre bíblico en su primera vida. También tiene la manía de restregarse los dientes compulsivamente.
-El pobre que empieza contando un chiste y no sabe como sigue porque su cabeza no le deja. Salvador también le ayuda a que deje de contar el chiste.

Tendríais que leer ciertas cosas que se ven en ese libro. Pensamos que una historia sobre zombis habla sólo acerca de casquería, de gruñidos y de estertores al respirar. Pues no, en la literatura zombi descubrimos mucho más significado de lo que imaginamos o de lo que vemos en las películas.

Leed esta escena extraída del libro: "Judith deja a un lado la mochila. Enciende la vela, la acerca a la barriga abierta del cetáceo y luego al reptil que hay a sus pies. (...) ha podido ver a la madre, una momia apergaminada, y al hijo, tirado en el suelo (...) La madre viste una rebeca blanca, tiene el pelo apelmazado y viejo, una sonrisa sin labios y los ojos secos como pozos en un desierto.
(...) a Judith le ha dado tiempo a ver al reptil del suelo, vestido de mujer, posiblemente con un chal de la madre y una absurda peluca. (...) Deja a tu madre descansar en paz.
El muchacho se arrastra sobre la barriga hasta llegar a la silla de ruedas".

El reptil no es otro que Jonás, el chico inválido. Está en su casa; en un piso alto y sin nadie que le ayude a salir de allí porque no puede con la silla de ruedas y su madre está muerta. Es un hambriento. Pero no deben descubrirle al igual que al resto de infectados. Gracias que tiene un golpe de suerte.
Las luces y los ruidos se evitan para no llamar la atención de los vivos vestidos de militares y armados hasta los dientes, ni de los durmientes (esos seres parecidos a ellos que cumplen órdenes como si fuesen máquinas y que pueden medir los dos metros. Llevan costuras en la carne a la altura del cuello, extremidades y caderas. También llevan algo debajo de la lengua que alguien ha puesto ahí deliberadamente).
También evitan esas cosas los vivos de a pie. Son los que no están infectados y que esperan la ayuda militar que les haga salir de donde están escondidos. Pero siempre cometen algún error y los hambrientos suben escaleras y persiguen porque razonan. Buscan el poder calmar "la rata negra que llevan en la madriguera de su estómago".
Veremos resurrecciones dramáticas, muertes atroces, los comportamientos mas denigrantes para alguien que no tiene otra opción. Todos están al límite. Sean infectados, hambrientos o vivos.
La agonía es indescriptible. La impotencia con muchas escenas es descorazonadora.
Y lo peor de todo, es que mientras Andalucía está padeciendo todo esto, disfrazado con informaciones en prensa y televisión que lo justifique, el resto de España, sigue con su vida.
¡Qué ironía! ¿Es que no sucede lo mismo en el mundo actualmente? Vemos todo lo que pasa en los informativos, vemos gente padeciendo hambruna como estos infectados. Genocidios que en pleno siglo XXI son propios de la edad media. Pero no pasa nada, no movemos ni un dedo porque no nos afecta directamente.

Ahora nos ponemos en el lugar de estos hambrientos de La GDM.
Yo misma no me fiaría de nadie, no compartiría nada con nadie, aprovecharía cualquier oportunidad para quitarle de las manos a otro hambriento lo que se estuviese comiendo, me arrastraría hasta por las cloacas por sobrevivir. Con el problema añadido de que el gobierno me considera una gangrena que se debe extirpar y la única alternativa es una especie de campo de concentración nazi. No vale la pena perder el tiempo en buscar una solución para ayudarme. Y encima, no sé ni quien soy realmente. Salvo algunos recuerdos que no puedo ni ordenarlos como quisiera. Luego veo los estragos en mi cuerpo: la huella imborrable de mi primera muerte y preparándome y soportando para no padecer la segunda. Y ¿qué hace por mí el resto de España? Naaaaaaaaaaaaada. No les afecta directamente y creen que nunca llegarán a padecer lo que en Andalucía está ocurriendo. Claro que tampoco se informa de toda la verdad (incluso en la historia el periodista de informativos Piqueras da la noticia de un suceso; lo que hace la historia más creíble todavía). Se censuran ciertas cosas. ¿Cuánto nos esconderán y nos llega con el filtro necesario para no alarmarnos?
Queréis más detalles, ¿verdad? Pues leed este libro que cambiará la visión de todas esas imágenes de asco y terror hacia estos pobres seres. A lo mejor también pensaréis diferente cuando oigáis ciertas noticias.

"¡Tranquilos, tenemos una cura! Sólo tienen que colaborar". Algo de esto me recuerda a cierta señora ministra diciendo: "Yo uso el hueso de vaca para el cocido", en plena crisis de las vacas locas. ¿Que les hicieron a las vacas? Se las cargaron como trozos de carne que eran. Seguro que la señora no olía el hueso ni de lejos.

También tendréis una imagen diferente de cuando veáis a un espontáneo saltar al campo a abrazar a su ídolo del fútbol (Pobre Palop, no se salva ni en este libro. Me lo imagino por las calles con su equipaje de portero del Sevilla pero sin un utillero que se lo deje planchadito y lavadito).

O cuando oigáis noticias sobre fugas de centrales nucleares. ¡España va bien. Estamos en la Champion de la economía! Ayyyyyy, Pinocho, que te crece la nariz.
Este libro tiene de todo para convertirse en un gran éxito. Porque lo que se debe sentir cuando lees un libro es que tu estómago se encoja, que tus ojos se llenen de lágrimas o que sonrías con lo que descubres. Sea la historia que sea. Y esto sólo lo que consigue un magnífico autor con sus letras.

UBICACIÓN: ÁREA DE AISLAMIENTO
Un tipo más bien gordo, de porte alto y decidido se sienta a mi lado. Me pregunta mi nombre. Yo dudo por un momento. Le respondo que ahora me llamo Infectada-x. El me dice que se llama Fettuccine. ¿De dónde habrá sacado ese nombre?
FETUCCINE: ¿no tendrá unas Lays al plato?
INFECTADA-X: el plato si, las patatas lo veo crudo.
FETUCCINE: ¿has visto a Rubén? Es un niño, tengo un trabajo que hacer.
INFECTADA-X: ¿pero tú de dónde has salido, tío?
FETUCCINE: vengo del norte. Como mi mujer se entere que he perdido al perro, me mata. Lo quiere más que a mí.
INFECTADA-X: vale, lo que tu digas. La conversación es interesante, pero...como que me voy a la cama. Adios, Spaguetini o Infectini o como te llames.
FETUCCINE: ¡Arrivederci!

No he hecho más que levantarme y adentrarme en los pasillos que llevan a mi frío cuarto, cuando me encuentro con Alejandro. Me da un codazo y me hace mirar al fondo. "Es Hawthorne", me dice. Yo hago una mueca con la cara intentando saber qué quiere decirme. "¿Te acuerdas de los seis encapuchados que medían casi dos metros?"
No hace falta que me diga nada más. Ya se quien es y no me gusta nada ese tío. Cuando intento irme a mi habitación, Alejandro me sujeta la mano. Veo unas costuras con un hilo negro algo infectadas en su muñeca y me dice: "Yo escribí la guerra de la doble muerte".
A mis espaldas, le dejo saludando a varios internos que se adentran en el pasillo mientras yo me alejo. ¡Hola, Elena! ¡A sus órdenes, sargento Mosqueira!
"Mosqueira..." pienso.
A dios pongo por testigo, que jamás volveré a pasar hambre.

9 comentarios:

  1. Interesante blog con una propuesta muy original como la anecdota que compartes, felicitaciones!!!

    ResponderEliminar
  2. Soberbia reseña, diferente y muy original. Así da gusto escribir, Macu.

    ResponderEliminar
  3. muy buena reseña. estoy disfutando el libro , con su prosa magnifica, alguna vez me ha dado tanto yuyu que he tenido que dejarlo un par de dias par volver a cogerlo.,no voy poner spoliers. muy recomendable el libro,. comprarlo no os arrepentireis ,e nserio

    ResponderEliminar
  4. La reseña es espectacular.

    Realmente no hay nadie como tu para hacerlo de esta manera, tan cruda, real, amena y en encarnando un personaje, que realmente sientes que es la "infectada X" quien lo hace desde su cuarentena...

    ¡Insuperable!


    kissses my litlle zombie:D

    ResponderEliminar
  5. Me encanto la reseña mi infectada genial mehiciste temblar de miedo y hasta reir un beso nena. Cuidate y ten lindo fin de semana

    ResponderEliminar
  6. Mi Infectada, tienes un premio especial para ti en el blog de premios:
    http://premioskarolscandiu.blogspot.com/2010/11/premio-especial-estos-blogs-que.html
    Espero que te guste;D

    kisses

    ResponderEliminar
  7. Esta reseña se me había pasado por alto. Pensé que la había leído, pero creo que lo que leí fue la entrevista que le hiciste a Alejandro. Genial la reseña, como todas las que haces.

    Ya tengo ganas de tener La GDM, no he podido ir al centro, y no me he topado con el por aquí, pero lo quiero ya.

    Besos

    ResponderEliminar
  8. Gracias a ti le he elegido. Me lo estoy leyendo. Y joe cómo escribe de bien, qué recursos se le ocurren para escribir.

    Buenísima rseña tia, en serio. Y ahora que ya sé de que va, lo entiendo todo aún mejor y es sublime.

    Bsusss perri.

    ResponderEliminar

COMENTA TU GRADO DE INFECCIÓN

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...